Ahorrar no depende únicamente de cuánto dinero ganas

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Cuando se habla de ahorro, suele asumirse que la variable determinante son los ingresos: cuanto más gana una persona, mayor debería ser su capacidad para ahorrar. Aunque existe una relación clara entre renta y ahorro, la investigación económica y psicológica muestra que los ingresos no explican por sí solos las decisiones de ahorro.

George Katona y la importancia de la percepción económica

Una de las aportaciones relevantes en este campo procede de George Katona, economista y psicólogo de la Universidad de Michigan, cuyo trabajo durante el siglo XX contribuyó al desarrollo de la llamada economía psicológica.

Katona defendía que, para comprender el comportamiento económico, no bastaba con observar variables objetivas como los ingresos, los precios o el empleo. También era necesario analizar las expectativas, las actitudes y la percepción que las personas tenían sobre su propia situación económica.

Esta perspectiva resulta especialmente interesante cuando hablamos de ahorro. Dos hogares con ingresos similares pueden presentar comportamientos financieros muy diferentes dependiendo de cómo perciban su estabilidad económica.

Si una persona considera que sus ingresos son suficientemente seguros y que puede hacer frente a gastos inesperados, puede estar más dispuesta a reservar una parte de su dinero. Si, por el contrario, percibe una situación económica incierta, puede priorizar la liquidez inmediata.

El ahorro como protección frente a la incertidumbre

Aquí aparece un concepto fundamental en economía: el ahorro precautorio.

Las personas no ahorran únicamente para comprar algo en el futuro. También acumulan recursos para protegerse frente a acontecimientos que no pueden predecir con exactitud: una reducción de ingresos, una reparación importante, un periodo de desempleo o cualquier otro gasto inesperado.

La incertidumbre, por tanto, puede modificar la manera en que gestionamos el dinero.

Cuando existe una mayor sensación de seguridad, el ahorro puede convertirse en una herramienta para alcanzar objetivos futuros. Cuando existe incertidumbre, el objetivo puede ser diferente: crear un colchón financiero que permita mantener cierta estabilidad si los ingresos disminuyen.

Por qué dos personas con el mismo salario pueden ahorrar cantidades diferentes

También influye la denominada restricción presupuestaria. En términos sencillos, cada euro destinado a una finalidad no puede utilizarse simultáneamente para otra.

Si todo el ingreso disponible se asigna al consumo inmediato, no queda margen para construir un fondo de emergencia. Por eso, establecer de antemano una cantidad destinada al ahorro puede modificar el comportamiento financiero: convierte el ahorro en una partida del presupuesto y no simplemente en el dinero que queda después de gastar.

De esta manera, una persona puede tener unos ingresos relativamente elevados y ahorrar poco si adapta progresivamente sus gastos a su nivel de renta. Por el contrario, alguien con menos ingresos puede conseguir ahorrar de manera constante si establece límites claros al consumo y reserva una cantidad determinada.

La estrategia de “pagarse primero”

Esta lógica está relacionada con una estrategia conocida como “pagarse primero” (pay yourself first): separar una cantidad determinada inmediatamente después de recibir los ingresos y gestionar posteriormente los gastos con el dinero restante.

La estrategia no aumenta los ingresos ni elimina las restricciones económicas. Su utilidad está en cambiar el orden de las decisiones.

En lugar de seguir la fórmula:

Ingresos − gastos = ahorro

se intenta establecer:

Ingresos − ahorro = dinero disponible para gastar

La diferencia parece pequeña, pero tiene una consecuencia importante: el ahorro deja de depender de que quede dinero a final de mes.

El papel de la economía conductual

La investigación posterior en economía conductual ha profundizado todavía más en esta cuestión.

Los estudios sobre autocontrol, preferencias temporales y sesgos de comportamiento muestran que las personas suelen conceder un valor mayor a una recompensa inmediata que a una recompensa futura.

Ahorrar implica precisamente lo contrario: renunciar a una parte del consumo presente para obtener una mayor capacidad de consumo, seguridad o libertad financiera en el futuro.

Por esta razón, intentar ahorrar únicamente mediante fuerza de voluntad puede resultar difícil. Una estrategia más eficaz consiste en crear sistemas que reduzcan la necesidad de tomar constantemente la decisión de ahorrar.

Entonces, ¿qué determina realmente nuestra capacidad de ahorro?

Los ingresos siguen siendo fundamentales. Una persona con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas tendrá un margen de ahorro mucho más limitado.

Sin embargo, tener más ingresos no garantiza automáticamente ahorrar más.

La percepción de seguridad económica, la incertidumbre sobre el futuro, los hábitos de consumo, los objetivos financieros y la manera de organizar el presupuesto también pueden influir significativamente en el comportamiento.

La conclusión es, por tanto, más interesante que el simple “gana más y ahorrarás más”.

Ahorrar es tanto una cuestión de capacidad económica como de organización y comportamiento. Los ingresos determinan cuánto margen existe, pero la forma en que ese margen se gestiona determina cuánto termina realmente convirtiéndose en ahorro.

Equipo Editorial 

Instituto Español de la Bolsa 

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