En el Mediterráneo y otras aguas templadas vive un animal diminuto que parece desafiar una de las reglas más elementales de la naturaleza: nacer, crecer, envejecer y morir.
Su nombre es Turritopsis dohrnii. Apenas alcanza unos pocos milímetros y, a simple vista, no tiene nada especialmente extraordinario. Sin embargo, posee una capacidad que ha despertado el interés de los científicos: bajo determinadas circunstancias, puede hacer algo parecido a rejuvenecer.
Por eso se la conoce como la «medusa inmortal».
Cuando morir deja de ser la única dirección
El ciclo vital habitual de una medusa comienza en una fase denominada pólipo. El organismo permanece adherido a una superficie y, posteriormente, da lugar a pequeñas medusas que crecen hasta alcanzar su estado adulto.
Normalmente, la historia continúa en una única dirección.
En Turritopsis dohrnii, no siempre.
Cuando una medusa adulta se encuentra sometida a determinadas situaciones adversas, como daños físicos o condiciones ambientales desfavorables, puede iniciar un proceso extraordinario. Su cuerpo se contrae, pierde progresivamente su estructura característica y termina transformándose en una masa de tejido que se fija a una superficie.
A partir de ella pueden desarrollarse nuevamente pólipos.
En otras palabras, un organismo que ya había alcanzado la madurez puede regresar a una etapa anterior de su ciclo vital.
La comparación resulta inevitable: sería algo parecido a que una mariposa pudiera dejar de ser mariposa y regresar a una fase juvenil para comenzar de nuevo su desarrollo.
El secreto está en sus células
Uno de los fenómenos relacionados con esta extraordinaria capacidad es la transdiferenciación.
Las células de los organismos multicelulares suelen especializarse. Una célula muscular desempeña unas funciones determinadas y una célula nerviosa, otras. Esa especialización parece establecer una dirección difícil de revertir.
Pero determinados organismos poseen una plasticidad celular excepcional.
Durante el proceso de reversión de Turritopsis dohrnii, se produce una profunda reorganización de sus tejidos y de la identidad de algunas de sus células. El organismo no se limita a reparar una herida: reconstruye su arquitectura biológica para regresar a otra fase de desarrollo.
Es precisamente esta capacidad la que convierte a una diminuta medusa en un objeto de enorme interés científico.
¿Significa que realmente es inmortal?
No exactamente.
El término «medusa inmortal» resulta atractivo, pero puede llevar a una interpretación equivocada. Turritopsis dohrnii puede ser devorada por otro animal, morir debido a enfermedades o no sobrevivir a determinadas condiciones ambientales.
Su peculiaridad consiste en otra cosa.
Mientras que la mayoría de los animales recorren su ciclo vital de forma esencialmente irreversible, esta especie posee la capacidad de invertir parte de ese proceso y comenzar nuevamente desde una fase anterior.
En teoría, ese mecanismo podría repetirse más de una vez.
La naturaleza, por tanto, no ha creado un animal imposible de matar. Ha creado algo quizá aún más interesante: un organismo capaz de escapar, en determinadas circunstancias, de la dirección convencional de su propio desarrollo.
Una medusa de pocos milímetros frente al gran problema del envejecimiento
El verdadero interés de Turritopsis dohrnii va mucho más allá de su curiosidad biológica.
Los investigadores han estudiado su genoma y los mecanismos relacionados con la reparación del ADN, la regulación celular, el mantenimiento de los telómeros, el estrés oxidativo y la capacidad de determinadas células para recuperar estados anteriores.
Esto no significa que exista una vía directa desde una medusa hasta una terapia para rejuvenecer seres humanos. Los mecanismos biológicos son enormemente diferentes y cualquier extrapolación debe hacerse con cautela.
Pero la medusa plantea una pregunta fascinante.
Durante mucho tiempo hemos pensado en el envejecimiento como una carretera de sentido único. Cada organismo avanza por ella hasta alcanzar inevitablemente el final.
Turritopsis dohrnii demuestra que, al menos en determinadas formas de vida, la biología puede construir una salida de emergencia.
Quizá por eso lo más extraordinario de la llamada medusa inmortal no sea que pueda vivir para siempre.
Es que, cuando las circunstancias se complican, en lugar de continuar envejeciendo, tiene una alternativa que nosotros no tenemos:
volver al principio.
Equipo Editorial
Instituto Español de la Bolsa





