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La semana que terminó con el cambio al horario de verano ha empeorado significativamente la situación en la Guerra del Golfo, principal obstáculo para los mercados bursátiles y de bonos occidentales.

Más allá de la propaganda incoherente de Trump, no se han dado pasos concretos hacia negociaciones reales para alcanzar una tregua. Las partes se limitan a transmitirse mensajes a través de Pakistán, que se ha erigido como principal mediador.

Sin embargo, las distancias siguen siendo enormes, mientras que el contingente de marines que se concentra en buques de la Armada estadounidense ha aumentado a 17.000 soldados de asalto, entrenados para entrar en Irán y lograr uno de los objetivos de la estrategia de riesgo de Trump: apoderarse del petróleo iraní ocupando la pequeña isla de Kharg, donde se encuentran los oleoductos que transportan el 95% del petróleo de Irán; o penetrar en el subsuelo de las instalaciones nucleares ya bombardeadas el año pasado para apoderarse de los 400 kilogramos de uranio enriquecido e impedir definitivamente que los iraníes desarrollen una bomba atómica.

El segundo objetivo permitiría a Estados Unidos proclamar una victoria definitiva y declarar la eliminación permanente de la amenaza nuclear iraní, pero parece mucho más complejo que la operación depredadora en Kharg, que constituiría, en cambio, una estrategia oportunista para estrangular aún más al régimen, privándolo de su principal fuente de financiación y obligándolo a capitular ante un acuerdo ventajoso para los invasores estadounidenses.

En ambos casos, sin embargo, se prevé que las operaciones duren varias semanas más. La posibilidad de que la guerra termine esta semana, como aseguró Trump ayer en su habitual charla con periodistas afines a bordo del Air Force One, que lo lleva de regreso a la Casa Blanca tras cada fin de semana en Maralago, parece el típico engaño urdido con optimismo desmesurado, útil únicamente para frenar el imparable declive del apoyo estadounidense hacia él y sugerir una leve recuperación en Wall Street.

El escenario fue una repetición de la semana anterior, que logró producir un repunte en la bolsa el lunes y el martes, pero que en los tres días siguientes quedó al descubierto ante una realidad mucho más cruda: la escalada de los bombardeos iraníes contra países aliados de Estados Unidos, que afectaron no solo a su infraestructura de petróleo y gas, sino también a sus plantas desalinizadoras, dejando a esos países ante una emergencia de agua potable.

También resulta muy peligroso el hecho de que, desde el viernes pasado, las milicias rebeldes hutíes en el sur de Yemen hayan decidido apoyar la defensa de Irán bombardeando Israel y prometiendo, tras el estrecho de Ormuz, hacer insegura la navegación en el estrecho de Bab el-Mandeb, por donde transitan los petroleros con destino al Mediterráneo a través del canal de Suez. Esto supondría otro duro golpe para el suministro mundial de petróleo.

En estas circunstancias, el final de la cuarta semana de conflicto ha traído otra debacle para la bolsa mundial y otra semana gloriosa para el petróleo.

Si en la semana anterior los índices europeos fueron los más perjudicados, en la semana que finalizó el viernes pasado, fueron nuevamente los estadounidenses los que impulsaron el descenso global.

Los índices europeos desperdiciaron el repunte de las tres primeras sesiones con un jueves y viernes negativos. El Eurostoxx50 perdió más de un punto porcentual en ambas sesiones, anulando su saldo semanal y desvaneciendo las perspectivas de recuperación presentadas al inicio de la semana.

Algunos índices, cabe destacar, lograron mantener un saldo semanal positivo (el CAC francés, el IBEX español y, sobre todo, el FTSE MIB italiano), pero sin dar la impresión de poder escapar del pesimismo generado por la guerra comercial.

La situación fue mucho peor en Estados Unidos, donde tanto el SP500 como el Nasdaq100 registraron su quinta semana consecutiva en negativo. Cabe señalar que, durante el devastador periodo de la guerra comercial de febrero a abril de 2025, el mayor número de semanas consecutivas en negativo fue de cuatro.

Además, cabe destacar que todas las sesiones de la semana pasada cerraron por debajo de su media móvil de 200 días, confirmando la entrada en un mercado bajista a medio plazo.

Por su parte, el índice Nasdaq 100, motor del repunte de Wall Street tras la guerra comercial, ha vuelto a los niveles de principios de septiembre del año pasado.

Las fuertes caídas observadas en el gráfico del SP500 podrían propiciar un nuevo rebote, impulsado por las palabras optimistas de Trump. Sin embargo, creo que solo una tregua genuina —firmada, no una promesa— puede cambiar el rumbo de los mercados y del petróleo.

Pierluigi Gerbino – Estratega del Instituto Español de la Bolsa

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