El comentario de Gerbino: voto de desconfianza en el BCE

Publicado el: 10/06/22 2:27 PM

Hay una regla que siempre ha guiado a los mercados. Cuanto más dure un período de indecisión direccional, más violento será el impulso cuando el mercado tome su decisión.

Durante 8 sesiones hemos descrito para el principal índice bursátil mundial, el estadounidense SP500, una fase de indecisión en forma de sierra, encerrada en una caja de cien puntos, retrocediendo 4 veces. No es algo que se vea muy a menudo y expresa una especie de ansiosa incapacidad para leer el futuro cercano por parte de los inversores. O, si se prefiere, un notable equilibrio entre los optimistas, que han encontrado razones válidas para comprar de las partes de 4.080 acciones, y los pesimistas, que, en cambio, de las partes de 4.170 han preferido vender en abundancia.

Como siempre sucede, el paso del tiempo resuelve incluso los encuentros de «pulsadas» más equilibrados. Son las novedades que la suerte y el destino inventan en el tumultuoso progreso de los acontecimientos humanos las que rompen el equilibrio. Y, cuando esto sucede, en poco tiempo y con gran rumbo el mercado va hasta donde quizás durante muchas sesiones no pudo seguir.

Había anunciado que la mecha de la explosión pudo haberse consumido ayer u hoy.

Ya sucedió ayer, justo cuando el BCE expresó una sensacional incapacidad no sólo para dominar, sino también para predecir el futuro de la economía.

Al contrario, mostró la típica actitud del guía turístico que se ha equivocado de camino y que no sabe leer el mapa para llevar a su destino a quienes le confiaron sus intenciones de vivir una experiencia serena y placentera, y descubre que esta experiencia se está transformando en una pesadilla.

En primer lugar, el BCE ha revisado significativamente al alza sus previsiones de inflación. Lo que hasta hace un año se consideraba una meta a alcanzar (¿recuerdan el eslogan de la inflación de la era Draghi que debía llegar al 2% para incentivar el crecimiento?) que luego se convirtió en un fenómeno molesto, pero transitorio, ahora se vislumbra por encima de la mítica meta de Un 2% no solo este año, sino también el próximo e incluso en 2024. Este año para el BCE será de media un 6,8%, el año que viene un 3,5% y en 2024 un 2,1%. De repente, la inflación pasa de temporal a persistente, obviamente sin la menor admisión de culpa por haber subestimado el fenómeno durante un año. De hecho, el BCE no ha resistido la tentación de culpar a la guerra en Ucrania, que comenzó hace solo 4 meses. Lagarde debería aprender la humildad de Yellen, expresidenta de la Fed y ahora secretaria del Tesoro de EE. UU., quien en los últimos días se ha disculpado con los estadounidenses por el mismo error.

Las estimaciones de crecimiento también se han revisado a la baja. Sólo un +2,8% el aumento del PIB este año y un +2,1% el próximo año.

La fuerte revisión de las estimaciones de inflación ha provocado cierta ansiedad de recuperación, al borde del pánico. Las próximas medidas son las más esperadas: fin del QE este mes; subida del 0,25% de los tipos oficiales en julio; otro aumento en septiembre, que será del 0,25% o del 0,50% dependiendo del comportamiento de la inflación. Pero la noticia del comunicado de prensa es que después de septiembre, el BCE considera apropiada una «ruta de subida de tipos gradual pero sostenida». ¿Qué significa «sostenido»? No se ha dicho una palabra sobre cuál es el nivel final al que puede llegar este camino ascendente. Así, el mercado está autorizado a pensar mal. ¿Por qué, después de que el BCE haya exagerado al desairar la inflación, no debería volver a equivocarse ahora del otro lado, elevando las tasas más de lo necesario?

En resumen: tras leer la nota de prensa y escuchar a Lagarde tartamudear en la rueda de prensa, el mercado le dio al BCE su voto de censura.

Se ha iniciado un bombardeo de órdenes de venta sobre la renta variable europea, con pérdidas cercanas a los dos puntos porcentuales (Eurostoxx50 -1,70%). Esto aunque mientras tanto el índice USA SP500, aun sin brillar, logró mantenerse muy por encima del soporte de los 4.074. Los bonos también se vieron afectados, con el Bund alemán rindiendo un 1,47% y el italiano a 10 años se disparó hasta un rendimiento del 3,71%. La muy vaga referencia de Lagarde al estudio de medidas de flexibilidad en la recompra de bonos del Estado a punto de vencer, a favor de los deudores más frágiles de la Eurozona, ciertamente no ayudó a los diferenciales. El de la deuda soberana italiana ha subido hasta los 218 puntos básicos.

Ante la duda, también se vendió el euro. Así EUR/USD perdió una cifra entera, regresando justo por encima de 1.06.

Después del cierre europeo, la atención se centró en los EE. UU. Los inversores allí deben haber estado pensando en las posibilidades de que hoy lleguen noticias negativas sobre la inflación de EE. UU., y quizás también en la probabilidad de que la Fed repita el mal desempeño que acaba de mostrar el BCE la próxima semana. También se empieza por ahí, en la fase final, con ventas de manta, de forma que el SP500 rompía el suelo y recorría a gran velocidad la mayor parte del descenso que debería generar la rotura por la parte inferior de la caja. La proyección del rectángulo dibujado en 8 sesiones es de 93 puntos y marca la zona justo por encima de los 3.980 como objetivo bajista. Ayer el índice SP500 en los últimos 90 minutos de la sesión pasó de 4.085 a 4.018, acumulando un saldo para la jornada de -2,38%. Nasdaq100 hizo -2.74%.

Hoy todos estaremos esperando la inflación estadounidense a las 14.30 h. Si resultara peor que las expectativas de los analistas (6,3% anual la cifra global y 5,9% la cifra subyacente), es seguro apostar a que el objetivo final de la caída se alcanzaría rápidamente, si no se superaba.

Una cifra mejor a la esperada podría calmar el pánico del mercado y prepararse para un fin de semana menos dramático.

Pierluigi Gerbino – Estratega del Instituto Español de la Bolsa


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