En 1998, uno de los fondos de inversión más sofisticados del mundo estuvo al borde del colapso.
Se llamaba Long-Term Capital Management (LTCM) y reunía a algunas de las mentes más brillantes de las finanzas. Entre sus integrantes estaban Robert Merton y Myron Scholes, que habían recibido el Premio Nobel de Economía en 1997 por sus trabajos sobre la valoración de derivados.
El fondo parecía representar el futuro de las finanzas: matemáticas avanzadas, modelos estadísticos, ordenadores y estrategias diseñadas para detectar oportunidades que otros inversores no podían ver.
Y durante un tiempo, parecía que la fórmula funcionaba.
La estrategia de LTCM: pequeñas diferencias, grandes apuestas
La estrategia del fondo se basaba, en gran medida, en encontrar pequeñas diferencias de precio entre activos financieros que, según sus modelos, deberían tener valores similares.
LTCM compraba el activo que consideraba barato y vendía el que consideraba caro, esperando que la diferencia entre ambos desapareciera con el tiempo.
El problema era que esas diferencias eran normalmente muy pequeñas.
Para conseguir beneficios importantes, el fondo necesitaba operar con cantidades enormes de dinero. Y ahí entraba el apalancamiento: utilizar deuda y derivados para controlar posiciones mucho mayores que el capital propio del fondo.
Mientras los mercados se comportaban como esperaban, la estrategia podía generar beneficios extraordinarios.
Pero el apalancamiento tiene una característica peligrosa: multiplica tanto los beneficios como las pérdidas.
Entonces llegó la crisis financiera rusa
En agosto de 1998, Rusia anunció una moratoria sobre parte de su deuda y devaluó el rublo.
Los mercados internacionales reaccionaron con enorme nerviosismo. Los inversores comenzaron a abandonar activos considerados arriesgados y buscar refugio en activos más seguros.
Y entonces ocurrió algo que resultó devastador para LTCM.
Las relaciones históricas entre determinados activos financieros comenzaron a romperse.
Los diferenciales que el fondo esperaba que se redujeran empezaron a ampliarse.
Lo que estadísticamente parecía improbable estaba ocurriendo.
El verdadero peligro: no poder esperar
LTCM tenía posiciones gigantescas.
En circunstancias normales, el fondo podría haber esperado a que los mercados recuperasen su comportamiento habitual. Pero el enorme apalancamiento hacía que esperar tuviera un coste.
Las pérdidas aumentaban y las necesidades de liquidez podían obligar al fondo a vender sus posiciones.
Y vender grandes cantidades de activos en medio de una crisis podía provocar todavía más caídas de precios.
Se creó así un círculo peligroso:
más pérdidas → más necesidad de liquidez → más ventas → precios más bajos → más pérdidas.
Cuando un problema se convierte en un riesgo para todo el sistema
La situación llegó a preocupar a las autoridades estadounidenses.
El problema ya no era solamente qué ocurriría con LTCM. Sus enormes posiciones estaban conectadas con numerosas instituciones financieras.
Una liquidación desordenada podía generar pérdidas importantes para otros bancos y provocar un efecto dominó.
Por ello, la Reserva Federal de Nueva York facilitó un acuerdo entre grandes bancos para recapitalizar el fondo y evitar una liquidación caótica de sus posiciones.
No se trató simplemente de salvar una inversión. La preocupación era evitar que el problema se propagara por el sistema financiero.
La paradoja de LTCM
Aquí está la parte más fascinante de toda la historia.
LTCM no fracasó porque sus gestores fueran incompetentes.
Al contrario: contaba con algunos de los mejores especialistas del mundo.
El problema fue confiar demasiado en modelos construidos a partir del comportamiento histórico de los mercados.
Los modelos podían calcular probabilidades.
Podían analizar correlaciones.
Podían estimar escenarios.
Pero no podían garantizar que, durante una crisis extrema, los mercados siguieran comportándose como lo habían hecho en el pasado.
Una lección que sigue vigente
La historia de LTCM dejó una de las grandes lecciones de las finanzas modernas:
tener razón no siempre es suficiente.
Puedes haber identificado correctamente el valor de una inversión y aun así perderlo todo si utilizas demasiado apalancamiento y no tienes capacidad para esperar.
Porque en los mercados financieros existe una diferencia enorme entre estar equivocado y no tener suficiente liquidez para sobrevivir hasta demostrar que tenías razón.
LTCM tenía modelos sofisticados, grandes cantidades de capital y algunas de las mentes más brillantes de Wall Street.
Pero en 1998 descubrió una verdad mucho más sencilla:
el mercado puede permanecer irracional durante más tiempo del que una posición apalancada puede permitirse esperar.
Equipo Editorial
Instituto Español de la Bolsa





