El internet secreto de los bosques

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Imagina caminar por un bosque antiguo. A tu alrededor ves robles, pinos y helechos, todos aparentemente compitiendo por la luz del sol y el espacio. Para el ojo humano, cada árbol es un individuo aislado. Sin embargo, bajo la superficie, a pocos centímetros de tus botas, se está llevando a cabo una de las redes de comunicación y comercio más complejas del planeta. No están aislados; están conectados a una «fibra óptica» biológica: la red de micelio.

Esta infraestructura subterránea, conocida popularmente por los biólogos como el Wood Wide Web, está compuesta por billones de filamentos fúngicos microscópicos (hifas) que se entrelazan con las raíces de las plantas. Lo que comenzó hace millones de años como una simple búsqueda de supervivencia mutua se ha convertido en el sistema circulatorio y nervioso del bosque.

1. Cooperación sobre Competencia: El Mercado Subterráneo

La visión tradicional de la naturaleza se basa en la supervivencia del más apto, donde cada planta lucha contra su vecina. La red de micelio rompe este paradigma a través de una economía de apoyo mutuo:

  • El rescate de los jóvenes: Los árboles colosales y antiguos, a menudo llamados «árboles madre», utilizan la red de hongos para bombear azúcares y carbono a los árboles más jóvenes que crecen a su sombra y que no pueden realizar suficiente fotosíntesis por sí mismos.

  • Solidaridad entre especies: Esta red no discrimina. Un abonado abedul puede enviar nutrientes a un abeto vecino durante el verano, y el abeto puede devolverle el favor en el invierno cuando el abedul pierde sus hojas. El objetivo final de la red es mantener el ecosistema del bosque sano y estable, ya que la caída de un solo árbol debilita a la comunidad entera.

2. El Sistema de Alerta Temprana

El micelio no solo transporta alimento, también transporta información. Cuando un árbol es atacado por una plaga de insectos o una enfermedad, la amenaza activa una respuesta química inmediata.

El árbol afectado envía señales de socorro a través de los filamentos del hongo. En cuestión de horas, los árboles vecinos que están a metros de distancia reciben la alerta y comienzan a sintetizar enzimas y compuestos químicos defensivos (como los taninos) en sus hojas. Para cuando los insectos llegan a los árboles vecinos, estos ya se han vuelto tóxicos y poco apetecibles, frenando la propagación de la plaga. El bosque se defiende como un solo organismo.

3. Los Hongos como los Grandes Administradores

Este sistema no existiría sin los hongos micorrízicos, quienes juegan el papel de intermediarios y administradores de la red. Los hongos carecen de la capacidad de realizar la fotosíntesis, por lo que dependen del carbono y los azúcares que producen los árboles.

A cambio de conectar el bosque y distribuir la información, los hongos cobran una especie de «impuesto de corretaje», reteniendo hasta el 30% del carbono que los árboles envían a través de la red. Además, los hongos extienden la capacidad de las raíces de las plantas para absorber agua y minerales esenciales como el fósforo y el nitrógeno, multiplicando su alcance por mil.

El bosque no es una simple colección de árboles independientes, sino un superorganismo interconectado. Debajo de la tierra, la vida no compite en silencio; comercia, dialoga y se protege mutuamente a través de una red que rivaliza en complejidad con nuestro propio internet.

Equipo Editorial 

Instituto Español de la Bolsa 

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