Inteligencia artificial, mercado laboral y el nuevo equilibrio macroeconómico

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En una reciente intervención pública, Michael S. Barr, vicepresidente de supervisión de la Federal Reserve, abordó uno de los debates estructurales más relevantes para la economía contemporánea: el impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre el mercado laboral, la productividad y, en última instancia, el marco de la política monetaria.

Barr situó su análisis en un contexto macroeconómico caracterizado por un mercado laboral que muestra signos de estabilización, pero sin un dinamismo claro en la creación neta de empleo.

Los números hablan

La tasa de desempleo se mantiene próxima a su nivel de equilibrio de largo plazo, aunque con una expansión limitada de la fuerza laboral, lo que reduce el margen de absorción ante posibles shocks económicos.

Paralelamente, la inflación, medida a través del índice de precios del gasto en consumo personal, continúa por encima del objetivo del 2 %, reflejando una desinflación más lenta de lo previsto y presiones persistentes en los precios de los bienes.

En este escenario, Barr defendió una postura monetaria prudente, subrayando que mantener los tipos de interés en niveles restrictivos durante más tiempo puede ser necesario para asegurar una convergencia sostenible de la inflación.

La Fed, señaló, debe evitar un relajamiento prematuro mientras persistan dudas sobre la trayectoria subyacente de los precios, incluso si algunos factores inflacionarios actuales resultan transitorios.

El núcleo de su intervención se centró en la inteligencia artificial como tecnología de propósito general, comparable en alcance histórico a la electricidad o la computación.

¿Qué ha cambiado?

A diferencia de anteriores olas de automatización, la IA, y en particular la IA generativa, no se limita a sustituir tareas rutinarias, sino que tiene la capacidad de afectar actividades cognitivas complejas, tradicionalmente asociadas a trabajos cualificados.

Esto introduce un potencial disruptivo mayor y menos predecible para el mercado laboral.

Barr destacó que la adopción de la IA se está produciendo a un ritmo inusualmente rápido, con empresas que ya la integran en procesos de investigación, diseño, servicios y toma de decisiones.

Aunque muchas aplicaciones aún se encuentran en fase experimental, la experiencia histórica sugiere que los efectos reales de estas tecnologías suelen manifestarse de forma acumulativa y no lineal, una vez que se reorganizan los procesos productivos y las estructuras empresariales.

Desde una perspectiva macroeconómica, el impacto final de la IA dependerá del equilibrio entre ganancias de productividad a largo plazo y costes de ajuste a corto y medio plazo.

Barr reconoció que pueden producirse desajustes sectoriales y distributivos significativos, con desplazamientos laborales que exigirán políticas activas de formación, recualificación y movilidad. La capacidad institucional para gestionar esta transición será determinante para que los beneficios de la IA se traduzcan en crecimiento inclusivo y estabilidad económica.

Cambios… son la respuesta

En síntesis, el mensaje de Barr combina cautela coyuntural y visión estructural. Mientras la política monetaria debe seguir guiándose por los datos para consolidar el control de la inflación, la inteligencia artificial emerge como una fuerza transformadora que redefinirá la productividad, el empleo y el crecimiento potencial.

Comprender y anticipar estos cambios será clave no solo para los responsables de política económica, sino también para inversores y analistas que buscan interpretar el nuevo equilibrio macroeconómico que se está gestando.

Leonor Roquett 

Instituto Español de la Bolsa 

Inteligencia artificial, mercado laboral y el nuevo equilibrio macroeconómico
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