Los dinosaurios que se tragaban piedras

Signals 30 september
30 septiembre 2026 12:51
El comentario de Gerbino: Maquillaje de cartera antes de pasar la página
1 octubre 2026 16:38

Imagina un dinosaurio gigantesco avanzando lentamente por un paisaje de hace más de 100 millones de años. A su alrededor hay helechos, coníferas y una vegetación completamente distinta a la que conocemos hoy. El animal se detiene junto a un río.

Pero no está buscando agua.

Entre cientos de piedras, selecciona una relativamente lisa, la recoge y se la traga.

Después hace lo mismo con otra.

Y con otra.

Puede parecer un comportamiento extraño, pero algunas evidencias fósiles sugieren que determinados dinosaurios ingerían piedras deliberadamente. Estas piedras reciben el nombre de gastrolitos, literalmente, “piedras del estómago”.

Un estómago con su propio molino

Para entender por qué un animal querría tragarse una piedra hay que pensar en un problema bastante sencillo: comer grandes cantidades de vegetación no significa necesariamente poder digerirla con facilidad.

Algunos dinosaurios herbívoros consumían enormes cantidades de materia vegetal. Una de las hipótesis planteadas por los paleontólogos es que las piedras ingeridas podían permanecer dentro del aparato digestivo y participar en la trituración mecánica del alimento.

La idea no resulta tan extraña cuando observamos animales actuales.

Algunas aves ingieren pequeñas piedras que se acumulan en la molleja. Las contracciones musculares hacen que estas piedras ayuden a triturar alimentos duros. Es, en cierto modo, un pequeño molino instalado dentro del cuerpo.

Y la comparación resulta especialmente interesante porque las aves son dinosaurios vivos. No son simplemente descendientes lejanos de ellos: desde el punto de vista evolutivo, forman parte del linaje de los dinosaurios terópodos.

Piedras que sobrevivieron millones de años

¿Cómo puede saber un paleontólogo que una piedra fue tragada por un dinosaurio y que no estaba simplemente en el lugar donde murió?

Ahí está precisamente la dificultad.

En algunos yacimientos se han encontrado piedras excepcionalmente redondeadas y pulidas asociadas a esqueletos fósiles. Su posición, características y concentración pueden hacer pensar que estuvieron dentro del aparato digestivo del animal.

Sin embargo, no todas las piedras encontradas junto a un dinosaurio pueden considerarse automáticamente gastrolitos. Los ríos también transportan y pulen rocas, y millones de años de procesos geológicos pueden modificar completamente un yacimiento.

Por eso, la utilización de gastrolitos por diferentes grupos de dinosaurios continúa siendo un asunto que requiere interpretar cuidadosamente cada hallazgo.

Una costumbre mucho más antigua de lo que parece

Además, los dinosaurios no fueron los únicos animales prehistóricos relacionados con este extraño comportamiento.

También se han encontrado concentraciones de piedras asociadas a fósiles de reptiles marinos, como los plesiosaurios. En estos animales se han planteado diferentes funciones posibles, desde colaborar en el procesamiento de los alimentos hasta desempeñar algún papel relacionado con la flotabilidad, aunque algunas interpretaciones siguen siendo debatidas.

Lo fascinante de los gastrolitos es que convierten algo aparentemente insignificante —una piedra lisa— en una posible pista sobre el comportamiento de un animal desaparecido.

Un hueso puede decirnos cuánto medía un dinosaurio. Sus dientes pueden indicarnos qué comía. Sus huellas pueden mostrarnos cómo caminaba.

Pero una simple piedra puede acercarnos a algo mucho más cotidiano: qué hacía aquel animal después de comer.

Quizá por eso resulta tan fácil imaginar la escena.

Un dinosaurio se acerca a la orilla de un río, baja la cabeza, encuentra una piedra adecuada y se la traga.

El dinosaurio desapareció hace millones de años.

La piedra, en cambio, todavía puede seguir aquí.

 

Equipo Editorial 

Instituto Español de la Bolsa 

Los dinosaurios que se tragaban piedras
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