Hay lugares en la Tierra que parecen pertenecer a otro planeta.
No están en la cima de una montaña imposible ni en un desierto perdido. Están mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos: en el fondo del océano.
A cientos o incluso miles de metros de profundidad, donde la luz del Sol ya no llega y la presión es capaz de aplastar estructuras diseñadas para resistir condiciones extremas, existen unas formaciones extraordinarias: lagos de agua extremadamente salada dentro del propio océano.
Y sí, son lagos.
Aunque suene imposible.
Cuando el mar contiene otro mar
Estas formaciones reciben el nombre de brine pools, o piscinas de salmuera.
Se producen cuando enormes cantidades de sal y minerales se disuelven en el agua. La concentración puede llegar a ser tan elevada que esa agua se vuelve mucho más densa que el agua marina que la rodea.
Y aquí ocurre algo fascinante.
En lugar de mezclarse inmediatamente con el océano, la salmuera se hunde y permanece acumulada en el fondo, como si el océano hubiera excavado una depresión y hubiera dejado allí su propio lago.
En algunos casos, incluso pueden distinguirse perfectamente sus límites.
Hay una superficie.
Hay una especie de orilla.
Y hay agua de mar alrededor.
Solo que el lago está debajo del mar.
Un lugar donde la vida puede morir
Acercarse demasiado a una de estas piscinas puede resultar letal para muchos organismos.
La salinidad extrema altera el equilibrio necesario para que las células funcionen correctamente. Además, algunas de estas zonas presentan concentraciones muy bajas de oxígeno y contienen compuestos químicos que pueden resultar tóxicos para numerosos animales.
Por eso, para buena parte de la fauna marina, estas piscinas funcionan prácticamente como trampas naturales.
Pero el océano tiene una peculiaridad extraordinaria:
cuando las condiciones parecen incompatibles con la vida, siempre puede aparecer alguien que encuentre la manera de sobrevivir.
La frontera de la vida
Alrededor de estas piscinas se desarrollan comunidades de microorganismos y otros organismos especializados.
No viven necesariamente dentro de la salmuera, sino en sus alrededores, aprovechando la particular química de esa frontera.
Y esa zona de contacto se convierte en uno de los escenarios más interesantes para estudiar cómo puede sobrevivir la vida en condiciones extremas.
Porque estos ecosistemas obligan a los científicos a hacerse una pregunta mucho más grande:
¿Hasta dónde puede llegar la vida?
Durante mucho tiempo pensamos que necesitaba unas condiciones relativamente concretas para existir: agua, una temperatura determinada, oxígeno y ciertos nutrientes.
Pero las profundidades oceánicas han ido desmontando muchas de esas certezas.
Existen organismos capaces de soportar presiones enormes, temperaturas extremas, oscuridad permanente y ambientes químicos que resultarían hostiles para prácticamente cualquier forma de vida que conozcamos en la superficie.
Y las piscinas de salmuera son otro recordatorio de ello.
Un paisaje que parece imposible
Imagina descender varios cientos de metros bajo la superficie.
La luz desaparece.
El agua se vuelve completamente oscura.
La presión aumenta hasta niveles extraordinarios.
Y, de repente, frente a ti aparece algo que tu cerebro reconoce como un paisaje familiar: un lago.
Pero no estás en tierra.
Estás en el fondo del océano.
El lago está rodeado de agua marina y, en algunos casos, sus bordes pueden presentar una diferencia tan marcada que parece existir una frontera entre ambos mundos.
Es uno de esos fenómenos que hacen que nuestro planeta resulte mucho más extraño de lo que parece desde la superficie.
Porque todavía conocemos relativamente poco de las profundidades oceánicas.
Hemos cartografiado grandes extensiones del fondo marino, pero eso no significa que comprendamos completamente lo que ocurre allí. Cada expedición puede revelar ecosistemas, comportamientos y condiciones que obligan a revisar lo que creíamos saber.
Y quizá lo más sorprendente no sea el lago
Lo verdaderamente extraordinario es pensar que el océano no es un espacio uniforme.
No es simplemente una enorme masa de agua azul extendida sobre la Tierra.
En sus profundidades existen corrientes, montañas, volcanes, chimeneas hidrotermales, cañones, zonas químicamente extremas y estas increíbles piscinas de salmuera.
Es prácticamente un mundo dentro de otro mundo.
Y algunas de sus fronteras todavía están esperando a que las descubramos.
La próxima vez que mires el mar, quizá merezca la pena recordar algo:
bajo esa superficie aparentemente tranquila pueden existir lagos que no deberían estar ahí.
Y, sin embargo, están.
Equipo Editorial
Instituto Español de la Bolsa





